América Latina está tan estrechamente relacionada, que los problemas, conflictos o causas de un país tienen repercusión directa en toda la región. Argentina ha protagonizado uno de los debates más intensos en los últimos años, y que, sin duda, ha resonado en el resto del continente: la despenalización del aborto.

Soy un firme convencido de que el aborto no debe legislarse ni en Argentina, ni en México, ni en cualquier país. Los argumentos sociales, económicos, filosóficos, médicos y psicológicos demuestran que el aborto no representa la solución a ningún problema, pero en esta ocasión no hablaré sobre ellos. Más bien, me preocupa la tajada política que algunos partidos políticos pretenden sacar de este tema y me limitaré a referirme a esto.

En primer lugar, me parece alarmante que los partidos políticos lucren con una tragedia. El aborto no es y no tiene por qué ser impulsado como una buena causa. A la mujer embarazada en cualquier situación de vulnerabilidad se le deben dar alternativas y acompañamiento para que el aborto no pase siquiera por su cabeza. Que partidos políticos lo promuevan con bombo y platillo es la más cínica de las maneras de reconocer que el Estado ha fallado.

Por otro lado, me preocupa que el presidente pretenda someter a consulta el debate sobre el aborto. No me preocupa el resultado, pues las encuestas dicen que la gran mayoría de los mexicanos nos oponemos al aborto, sino que coincido en algo con los proaborto: los derechos no se consultan. Y el derecho fundamental es la vida. La vida de las demás personas no puede estar condicionada a la opinión o voluntad del otro.

López Obrador tiene muchas cosas en común con Alberto Fernández, presidente de Argentina, y es que el gobierno argentino en medio de una pandemia utilizó el aborto como la válvula de escape que le permitiría elevar su aceptación con un sector de la sociedad. López Obrador es un genio para implementar cortinas de humo. En Argentina y en México la pandemia ha superado a sus gobiernos, no han sabido controlar los contagios y las muertes, y la economía se encuentra destrozada. Utilizar y condenar a los no nacidos como una manera de desviar la opinión pública ante sus malos resultados es muy ruin.

En México hay muchas deudas pendientes y tantas luchas por dar, y a las mujeres se les hace creer que el aborto las hará más libres, más autónomas y más empoderadas, pero ante la realidad que vivimos sólo se utilizarán como botín político, ofreciéndoles falsos derechos y evidenciando que a MORENA, a López Obrador (y a algunos partidos de oposición) no les importa elevar primero la calidad de vida, pues para ellos las mujeres y sus necesidades sólo sirven para fines electoreros.

Acción Nacional tiene una oportunidad histórica. Desde nuestra fundación hemos reconocido a la persona como centro de nuestro actuar político y en nuestros documentos de Proyección de Principios, Plataforma Electoral y Programa de Acción Política reconocemos que la protección de la vida debe garantizarse desde la concepción. Si los partidos oportunistas utilizan a la mujer y a los niños por nacer para impulsar agendas inhumanas, los panistas habremos de hacer honor a nuestra doctrina y a nuestra identidad. La historia nos está poniendo frente a nuestra propia congruencia.

También estoy convencido que la sociedad civil organizada deberá jugar un papel importante. Este tema no debe dejarse en manos de los políticos, pues no puede depender de los intereses partidistas. Los provida debemos tomar las calles, apoderarnos de las tribunas. Elevar el debate, porque ese ya lo tenemos ganado, y desde las calles evidenciar que somos una mayoría que ya no será silenciosa para que en los Congresos, exigiendo y acompañando a nuestros legisladores, salvemos las dos vidas. La lucha por la vida digna en América Latina apenas comienza. Acá no se rinde nadie.

 

Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil.

Twitter: @AlanAvilaMagos