Desde un junco al papiro, hasta la “piel” de los libros de papel que hoy podemos tener entre nuestras manos, Irene Vallejo hace un recorrido histórico empezando hace cinco milenios cuando los egipcios descubrieron cómo plasmar historias para deleite de los lectores.

Escrito con dinamismo, la autora española nos narra la ambiciosa labor que emprendió Alejandro Magno y nos remonta a los campos de batalla y el esfuerzo del macedonio por llenar los estantes de la gran Biblioteca de Alejandría, en donde “fueron abolidas las fronteras, y allí convivieron, por fin en calma, las palabras de los griegos, los judíos, los egipcios, los irineos y los indios. Este territorio mental fue tal vez el único hospitalario para ellos”. (Vallejo, 2021, p.42, Siruela).

El libro El infinito en un junco nos conduce también a los palacios de Cleopatra, las primeras librerías ambulantes, las bibliotecas, los talleres de copia manuscrita, nos cuenta sobre los escribanos y el librero: oficio de riesgo. A través de sus palabras vemos hogueras arder con códices prohibidos, conocemos a mujeres valientes que desafiaron su época, entre otras historias y aventuras que en el principio inició con los árboles.

Con la lectura de este ensayo publicado por Siruela, primera edición 2021, conocemos la transformación de los libros, incluyendo los formatos digitales. En algún momento los hombres se fascinaron cuando descubrieron que podían tatuar palabras en los pergaminos y mediante una línea del tiempo viajamos para ser testigos del triunfo de cada nuevo material.

Como Irene Vallejo afirma “todo libro es un pasaporte sin caducidad”, a diferencia de la tradición oral en la que sus ecos se fueron perdiendo o distorsionando con el paso del tiempo, era “una época de aladas palabras”.

También nos detalla la expansión de la escritura con su revolución apacible del alfabeto, el éxito de las palabras díscolas, y la audacia de las tejedoras de historias, travesías de los cartógrafos y por supuesto un viaje al interior de los libros y cómo nombrarlos.

Tras la lectura de este texto se puede valorar más la lectura y escritura, en un mundo en el que lamentablemente el analfabetismo persiste. La escritura fue al principio el coto cerrado de unos cuantos expertos y privilegiados, información que de manera apasionada nos narra Irene Vallejo.

Es fascinante conocer la evolución, desde hace seis mil años, cuando aparecieron los primeros signos escritos en Mesopotamia, pero de acuerdo con la autora, los orígenes de esta invención están envueltos en el silencio y el misterio. Tiempo después, y de forma independiente, la escritura nació también en Egipto, la India y China.

“El arte de escribir tuvo, según las teorías más recientes, un origen práctico: las listas de propiedades. Estas hipótesis afirman que nuestros antepasados aprendieron el cálculo antes que las letras. La escritura vino a resolver un problema de propietarios ricos y administradores palaciegos que necesitaban hacer anotaciones porque les resultaba difícil llevar la contabilidad de forma oral. El momento de transcribir leyendas y relatos llegaría después”.

Hemos disfrutado con la ficción, la poesía social y romántica, la prosa (nacida en torno al siglo IV a.C.) y la filosofía, así como diversos géneros literarios, gracias a los libros, guardianes de la palabra escrita, que han librado del olvido los textos de diferentes autores desde épocas arcaicas y de la mano de la pluma de Irene Vallejo es posible realizar un fantástico recorrido a través de las transformaciones que ha tenido.

Apasionada por los clásicos, Irene Vallejo nos da cuenta de la colección del Liceo aristotélico, de acuerdo a sus investigaciones, Aristóteles fue el primero que se sepa que coleccionó libros. “No habría podido escribir lo que escribió sin una lectura constante”.

No olvida a Heródoto, “aquel griego amigo de las palabras dedicó su vida a buscar respuestas. Escribió una larga obra de viajes y testimonios a la que tituló Historíai, que en su lengua significaba pesquisas o investigaciones. Nosotros todavía usamos, sin traducirla, la palabra que él redefinió la de dar nombre a su libro y a su tarea: historia”. (Vallejo, 2021, p. 180).

Además, nos platica como los habitantes del mundo antiguo estaban convencidos de que no se puede pensar bien sin hablar bien, “los libros hacen los labios”, decía un refrán romano.

Leer el ensayo de Irene Vallejo sobre la creación y evolución de los libros y el alfabeto, escrito de una manera amena, al tiempo que erudita, es un deleite y como ella afirma: “los libros nos ayudan a sobrevivir en las grandes catástrofes históricas y en las pequeñas tragedias de nuestra vida”.

Para quienes aman la literatura este texto es una joya indispensable en la biblioteca personal. “Los libros tiene voz y hablan salvando épocas y vidas. Las librerías son esos territorios mágicos donde, en un acto de inspiración, escuchamos los ecos suaves y chisporroteantes de la memoria desconocida”. (Vallejo, 2021, p. 315).