Por Carlos Castillo. La revista La Nación, desde octubre de 1941 y hasta la fecha órgano oficial de información del Partido Acción Nacional, fue durante sus primeros años el reducto más confiable y certero de información política en México. Eran los tiempos del autoritarismo más recalcitrante, de la intolerancia que se traducía en violencia contra el que opinara distinto, de censura flagrante o disimulada tras argucias como el monopolio del papel por parte del Estado, una suma que hace imposible o muy difícil de rastrear por la vía hemerográfica el desarrollo de la democracia en nuestro país. Gracias, no obstante, al talento y valor de quienes se reunieron en torno a Manuel Gómez Morin, la trinchera periodística y de libre expresión tuvo en La Nación un remanso de libertad, de autonomía y de información que pocos diarios o revistas de la época lograron, en consonancia con las actividades de Acción Nacional: una empresa que desafiaba al régimen desde la participación política, la libre expresión de ideas, la denuncia del abuso y de la simulación democrática que vivía el país. Parte de esa historia es detallada por el investigador Pablo Serrano Álvarez en el volumen Prensa y oposición política en México. La Nación, 1941-1960, editado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (2011), donde el lector puede toparse con los detalles, la planeación y la instrumentación de un medio que dignificó el quehacer periodístico y que tuvo en su primer director, Carlos Septién García, a un defensor no sólo del derecho a manifestar el libre pensamiento sino, además, de la importancia de contar con un espacio de crítica, de señalamientos y de propuestas que contrastaran con las oficialistas. No hay desperdicio en las 72 páginas que conforman este breve pero sustancioso volumen. La recensión histórica de La Nación, la enorme cantidad de fuentes consultadas, el espacio fotográfico dedicado a los primeros y principales actores son, en conjunto, una clara muestra del empeño que el propio Gómez Morin demostró para que el PAN contara con un medio propio, tanto de difusión y propaganda como de acercamiento a la realidad política económica y social de México y el mundo. De este modo, las palabras del propio fundador de Acción Nacional marcan la pauta a seguir, en junio de 1941, de lo que será la futura revista: “El propósito original fue el de crear un instrumento de expresión de las tesis de Acción Nacional, no sólo apto para servir de medio de contacto entre los miembros del Partido, sino de llegar al público en general. Un instrumento, por supuesto, ágil, vivo, penetrante, capaz de unir las necesidades de una orientación hecha desde el punto de vista nacional, con las exigencias puramente periodísticas. “Una revista popular, nítidamente impresa, bien formada, con una gran variedad de material, escrita cuidadosamente o impregnada, desde el nombre hasta el directorio, de intención política; una revista que diga lo que la prensa calla; que dé jerarquía y valor a los acontecimientos y explique su significado y trascendencia; una revista, además, que sea la expresión auténtica de la vida nacional y que en ningún caso abandone ese propósito”. Esta intención, hoy como desde hace 73 años, mantiene una vigencia y un compromiso con los planes originales de Gómez Morin. Ya desde la promoción de las actividades del Partido, de los logros de sus gobiernos y de los todavía por desgracia vigentes abusos por parte de los gobiernos federal y estatales, La Nación continua con su misión original de informar, de hablar con objetividad, de ser una espacio de crítica y promoción partidista que busca ser punto de encuentro, de intercambio de ideas, de suma de plumas al servicio de la verdad. Para conocer nuestro presente hay que abundar en la historia de nuestros orígenes. Si bien el libro de Serrano Álvarez cumple con ese objetivo, hace aún falta contar otra parte de la historia: la de los años siguientes, los cruentos e inclusive sangrientos sesenta y setenta del siglo XX, la etapa de la transición, la alternancia política en el poder Ejecutivo. Toca esa reflexión y ese recuento a las generaciones que siguen. Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común.