Las elecciones del domingo 5 de junio nos dejaron grandes enseñanzas a quienes, desde el ejercicio público, estamos sujetos al sufragio de las y los ciudadanos.

Más allá de los resultados que dieron la victoria a tal candidato o partido, el gran ganador de la contienda fue el abstencionismo que dejó patente su rostro de indiferencia y desconfianza hacia este ejercicio democrático.

El Instituto Nacional Electoral (INE), una vez más, demostró que es una institución sólida, a pesar de las amenazas lanzadas desde el púlpito presidencial y el Congreso.

El recuento oficial de votos del INE en las seis entidades federativas donde hubo elecciones (Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas), expone que de la lista nominal de electores 2022 aprobada por el órgano electoral fue de 11.7 millones de personas, Oaxaca –en números redondos- fue la entidad con mayor población con credencial de elector para votar con 3 millones de personas (25.7 por ciento) y Aguascalientes con la menor lista nominal con 1 millón (8.8 por ciento).

En el caso concreto del PAN, hasta antes de las elecciones, en Aguascalientes, Durango, Quintana Roo y Tamaulipas gobernaba para 8.6 millones de personas que representaban 54.5 por ciento del total de la población de los estados con elección. El cómputo electoral nos confirma que ahora Acción Nacional gobernará para 3.2 millones de personas, que representan el 20.5 por ciento.

Vale la pena decir que el registro oficial de la tasa de menor participación en estas elecciones se presentó en Oaxaca con 38 por ciento, contrario a la participación de más de 53 por ciento en Tamaulipas.

De acuerdo a las tendencias de las principales casas encuestadoras se anticipaban victorias contundentes en Aguascalientes y Durango, y una contienda cerrada en Tamaulipas, sin embargo, los resultados concluyeron la pérdida de bastiones importantes como ésta última entidad y Quintana Roo.

En concreto, con una participación promedio del 46 por ciento, en las elecciones del domingo pasado perdió el ciudadano y perdió México porque se diluyó otra oportunidad de frenar a un partido que se apropió del discurso de una moral dogmática y de una transformación sin éxito real.

Por eso, creo que el verdadero triunfador de las elecciones fue el abstencionismo, que nos demostró nuevamente que la ciudadanía sigue sin confiar lo suficiente en sus gobernantes para acudir a las urnas a cumplir con su derecho constitucional a sufragar.

La jornada electoral fue pacífica en términos generales, pero hay que decirlo con claridad, no estuvo exenta de actos que atentan contra la democracia en cada entidad y en el país en general: la coacción del voto desde la maquinaria del Estado; la amenaza de suprimir los programas sociales a quién no votara por Morena, la participación de funcionarios públicos federales que violentaron una y otra vez la ley; de funcionarios locales denunciados por entregar dinero para la compra del voto; casillas robadas; casillas quemadas o en el menor de los casos, casillas que no fueron instaladas.

Sin embargo y a pesar de los pesares, estas condicionantes no fueron razones suficientes para que, con todo y la abstención de la ciudadanía y la falta de confianza, se detuviera la jornada electoral de gobernadoras y gobernadores en aquellos estados.

En la suma y la resta, los resultados nos obligan a la autocrítica como ciudadanos y supone, de entrada, que desde nuestra trinchera replanteemos las acciones para seguir mejorando y consolidarnos como la mejor opción política a través de la suma de esfuerzos y de la mano con la ciudadanía para demostrar que somos ejemplo de buenos gobiernos en los diferentes órdenes.

Por eso, planteo en este espacio de opinión algunas conclusiones que espero sirvan para abonar a la reflexión en beneficio de todos:

•        Necesitamos mantener el trabajo en unidad y con liderazgos firmes. Desde los gobernadores y alcaldes hasta los funcionarios públicos de todos y cada uno de los gobiernos locales, debemos convencer a la ciudadanía que somos la mejor opción al poner en el centro de su trabajo a la gente.

•        Con contrastes, necesitamos demostrar que sí representamos un cambio y que hacemos buen gobierno. Debemos trabajar para alcanzar gobiernos de crecimiento, empleo, inversión y seguridad pública. Tenemos la responsabilidad de seguir trabajando en favor de las y los ciudadanos, de mantener la ruta de lo que se ha hecho bien y mejorar sin ápice de duda, lo que no ha funcionado.

•        Por último, que las coaliciones políticas tienen, además de fuerza, un futuro promisorio para la contienda electoral del 2023 en Coahuila y el Estado de México. La coalición “Va por México” nos confirmó que debemos prepararnos aún más de cara a las elecciones presidenciales del 2024. El futuro de México necesita de la alianza de la oposición como una garantía de la democracia y el bienestar de los ciudadanos.

En 2024 estamos obligados a corregir el rumbo que ha tomado México. Desde los municipios humanistas y como órdenes de gobierno cercanos a la ciudadanía, necesitamos trabajar por un país que genere oportunidades de trabajo y bienestar para todas y todos, que genere crecimiento y detenga la creciente pobreza, la corrupción, el desempleo, y la violencia.

Necesitamos trabajar, no para tener un sistema de salud con estándares inalcanzables en el mediano plazo de países nórdicos, sino un sistema que garantice medicinas y acceso a la salud a todas y todos los mexicanos.

Les garantizo que los triunfos electorales están más cerca que hace una semana si nos dedicamos con esmero a poner más empeño en nuestro trabajo y en generar resultados a la vista de todos, para seguir convenciendo a la sociedad de que somos la mejor opción para avanzar.

 

Alfonso Martínez Alcázar es Presidente Municipal de Morelia, Michoacán.

Twitter: @AlfonsoMtz_Mx