Largas filas afuera de los hospitales para hacerse una prueba COVID-19, falta de las mismas para satisfacer la alta demanda, escases de medicamentos para tratar esta enfermedad y, sobre todo, una gran desesperación entre las ciudadanas y ciudadanos, es los que nuevamente está viviendo el país a más de dos años de la llegada de la pandemia.

Pero ¿por qué nuevamente México atraviesa por una crisis en el sistema de salud para atender la pandemia provocada por el virus SARS CoV 2, ahora bajo la cepa llamada Ómicron? La respuesta sigue siendo la misma que al principio: una mala estrategia para combatirla e ineficaces servidores públicos al frente de ella.

Esta cuarta ola de contagios se veía venir desde hace más de seis meses, sin embargo, las autoridades federales de salud no hicieron nada para fomentar una cultura de prevención entre los mexicanos que hiciera posible un menor impacto entre la población, mucho menos implementaron políticas que contuvieran su llegada del exterior.

El resultado es que el día 12 de enero se rompió el récord de contagios desde la llegada del virus a México al registrarse en 24 horas 44 mil 187 casos, se llegó a 4 millones 408 mil 014 casos estimados y al fallecimiento de 300 mil 574 mexicanas y mexicanos, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud federal, a los cuales sí se le suman los datos del Registro Civil (160 mil 422) nos da un total de 461 mil 186 decesos provocados por COVID-19.

Dichas cifras se conocen a pesar de las malas recomendaciones hechas por el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, quien aconsejó a las personas con probables síntomas de COVID-19 no acudir a hacerse una prueba, con el oscuro propósito de no aumentar los números de por sí ya alarmantes.

Y mientras López-Gatell quiere esconder las cifras, su jefe, Jorge Alcocer, declara que la variante Ómicron puede curarse con una untada de vaporub, paracetamol y bebiendo tés, en el colmo del cinismo y en una muestra más de que el secretario de Salud es sólo un florero más de dicha dependencia que ha dejado mucho que desear en su combate a la pandemia.

Otro dato relevante de esta nueva cepa es que le está dando a los niños menores de 15 años, sector de la población que a ninguno de los dos funcionarios mencionados anteriormente le preocupa, pues según ellos, los niños tienen un sistema inmunológico más fuerte que el de un adulto, por lo que no es necesario vacunarlos, cuando en otros países del mundo se está inmunizando ya a los infantes.

Las preguntas que cabe hacerse ahora son: ¿en cuántas semanas más empezarán a colapsar los hospitales en todo el país?, ¿cuántas personas más morirán por la negligencia de nuestras autoridades de salud? y ¿cuándo se dará cuenta el presidente que el verdadero enemigo de los mexicanos no es el virus sino el “zar anticovid” Hugo López-Gatell?