En medio de una pandemia que aún no cesa y la complejidad de una sociedad polarizada, así se celebraron las elecciones más grandes en la historia de México.

Según el INE, se eligieron más de 21 mil cargos. Por el contexto y relevancia política había un especial interés y preocupación en la nueva integración de la Cámara de Diputados. Sin menospreciar las 15 gubernaturas, los 30 congresos locales y los ayuntamientos de 30 entidades.

Otro ingrediente que no puede pasar desapercibido es la coalición “Va por México”. Una coalición histórica por convocar a los tres partidos adversarios en un mismo proyecto: construir una nueva mayoría y hacer frente a la destrucción ocasionada por Morena. Ante este proceso tan complejo, en donde tuvimos que tomar difíciles decisiones, la pregunta es: ¿la coalición valió la pena?

Mi respuesta es sí. Claro que la objetividad debe estar presente en las reflexiones. Con humildad debemos reconocer que también hubo errores que provocaron derrotas dolorosas. Haré unas breves, pero sinceras conclusiones del proceso electoral.

  • El PAN se consolida como la principal fuerza opositora de México al ser la segunda bancada más numerosa en la Cámara. Ganamos distritos que en 2018 habíamos perdido, y que tal vez, sin los votos del PRI o del PRD, posiblemente perderíamos. También aportamos a triunfos importantes del PRI y del PRD. Juntos logramos quitarle la mayoría calificada a Morena.
  • Las gubernaturas fueron el sabor amargo de la jornada. Sin duda, Morena tuvo un gran avance y logró fortalecerse en los gobiernos estatales. En el PAN, mantuvimos dos estados importantes, sin ir en coalición con el PRI, y con candidatos de resultados probados. Esto nos hace recordar que la fórmula ganadora es gobernar bien y postular a los mejores perfiles. En donde perdimos, llevamos candidatos extraordinarios, pero que, en algunos casos, alguno de los partidos de la coalición falló en su trabajo electoral. Cada estado amerita una reflexión por separado.
  • En cuanto a municipios, también vale la pena reconocer triunfos importantes. Conservamos ciudades como Veracruz, Mérida, León, Chihuahua, Querétaro y Aguascalientes. Y recuperamos otras como Puebla, Hermosillo, Morelia y Cuernavaca, estos últimos dos sin ir en coalición con el PRI. Y por supuesto, el triunfo avasallador en la Ciudad de México y en el Estado de México, recuperando el histórico corredor azul mexiquense y alcaldías emblemáticas como Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón o Coyoacán. Consolidamos los bastiones en Huixquilucan y Benito Juárez.

Después de reconocer los grandes logros y también de aceptar las lastimosas derrotas, nos damos cuenta que fue una elección de claroscuros, de agridulces. Pero no reconocer que la coalición fue un gran ejercicio para fortalecer a un bloque opositor y que alcanzó los objetivos urgentes por lo que fue creado, es sin duda miope.

De los resultados electorales también puedo destacar dos cosas. La primera, se confirma que continuamos con un país fragmentado y polarizado, las estrategias orquestadas desde el púlpito de Palacio Nacional han dado resultados, y hay regiones en donde Morena ha sido rechazada incluso con mayor contundencia que en 2018, y otras en donde más bien se ha fortalecido.

La segunda es que en la oposición aún tenemos mucho por hacer, pues aún no logramos ser la alternativa que los mexicanos exigen y la que nosotros aspiramos a ser. El reencuentro con los ciudadanos aún no se alcanza y ese debe ser el faro que guíe cada uno de los esfuerzos, en las elecciones locales del 2022 y del 2023, y en este tiempo consolidarnos para el reto mayor: la presidencial del 2024.

Entiendo perfectamente a quienes no les agradaron los resultados electorales, panistas y adversarios, y también a quienes se opusieron a la coalición. Pero creo que más allá de las posturas y conclusiones personales de cada uno, puede haber una deducción común: el PAN tiene una responsabilidad colosal y la oposición debe mantenerse unida en proyectos que defiendan el bien común. El reencuentro ciudadano debe reivindicarse y fortalecerse. Sólo una alianza con los ciudadanos y agendas que pongan por delante a México nos permitirán vencer a Morena.

Por el bien de México, la oposición y de todos los colores debemos fortalecernos, para que la pluralidad de la sociedad mexicana se vea reflejada en nuestros gobiernos y congresos. Por el bien de nuestra democracia y del futuro de México confío en que toda la clase política alcance ese reencuentro ciudadano. En el PAN vamos bien, pero no quiere decir que esta batalla está ganada, al contrario, estamos lejos de alcanzar nuestros objetivos. Que ser esa principal alternativa nos motive y que no nuble nuestros propósitos: construir una patria ordenada y generosa, y una vida mejor y más digna para todos.

Sí podemos derrotar el populismo, el autoritarismo, la improvisación, la indolencia y la ineptitud. Sí podemos vencer a Morena. ¡Nos queda mucho por hacer!

 

Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil.

Twitter: @AlanAvilaMagos