Septiembre es considerado el mes de la patria, ya que en él se conmemoran sucesos muy significativos para la vida de los mexicanos. El personaje que inició ese movimiento renovador fue Miguel Hidalgo, quien tenía una preparación intelectual muy superior a su época. Su trato era afable y con gran poder de seducción, que lo mismo lo ejercía con los más humildes que con los más encumbrados.

Antes de lanzarse a la lucha por la independencia quería lograr la regeneración social del pueblo. Fue el alma de un poderoso impulso industrial en aquel tiempo en que el Estado español ponía toda clase de barreras al desarrollo de la economía hispanoamericana.

Al estar atento a la realidad no abandonó su espíritu religioso, tuvo conciencia de la responsabilidad que asumía ante Dios y ante su patria. Al lanzarse a la lucha armada contra el poder español, con el ánimo de transformar el régimen, se sintió movido por un ideal eminentemente humano.

Al analizarse las ideas de Hidalgo se descubre que como buen discípulo de los jesuitas se fortaleció con el pensamiento innovador, pero permaneció fiel en lo cultural a su tronco castellano. En el alma de Hidalgo se encerró un ideal de justicia y su programa era el mejoramiento de las clases indígena y mestiza.

Hidalgo fue acusado en el Santo Oficio por ser poco devoto, ya que no lo habían visto rezar el Oficio Divino. Los inquisidores que se hicieron cargo del proceso encontraron que carecían de fundamento. El proceso se archivó en 1801 por no haber pruebas ciertas.

El 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo se dirigió a sus feligreses invitándoles a rebelarse contra los españoles, a quienes acusaba de querer entregar el reino a los franceses y de atentar contra la religión. Su grito de guerra fue: ¡Viva Fernando VII y mueran los gachupines! Hidalgo logró convencer y secundaron su movimiento unos 800 hombres.

Se proyectó el ataque a la ciudad de Guanajuato y pidió a las autoridades la entrega pacífica de la plaza. En carta dirigida a Riaño le dijo que después de 300 años de “humillante y vergonzosa” dominación española, el pueblo quería su independencia. Tienen que abandonar la Nueva España y la nación les asegurará la debida protección, pero en caso contrario no podrían responder de las consecuencias.

Hidalgo no quería solo la independencia política de su país, aspiraba a lograr la redención social del pueblo. Cuando fue tomado prisionero quedó Ignacio López Rayón al mando de su ejército y después pasó todo lo que disponía a Ignacio Elizondo.

En el sur se avanzaba a buen paso con las campañas de Morelos, quien era un gran militar con ejércitos bien organizados, todo lo calculaba y lo realizaba con ímpetu. Se distinguió también en la formación de jefes.

Las discordias de los jefes insurgentes que no aparecían por la autoridad y el ejemplo de Morelos se volvieron contra él. Se perdieron plazas importantes como Oaxaca y Acapulco. Morelos cayó prisionero y sujeto a un juicio civil y eclesiástico. Fue degradado de su carácter sacerdotal y fusilado en San Cristóbal, Ecatepec, el 22 de diciembre de 1815. La independencia de México tardaría tiempo en conseguirse.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca