México ha sido celoso de forjar su desarrollo con toda independencia para que sus relaciones internacionales reflejen la idiosincrasia y las aspiraciones de su inquieto pueblo. Nuestra ubicación entre dos grandes océanos nos significa grandes ventajas, pero compartir el continente norteamericano con un vecino que desde su nacimiento se propuso engrandecerse a toda costa, empezando con México, explica muchos aspectos de nuestras relaciones con el mundo. La marcha no es fácil.

En cuanto a nuestro comercio exterior tres cuartas partes se concentra en Estados Unidos y el nuevo acuerdo trilateral T-MEC augura una concentración mayor.

Aún más. Por ser socio del mencionado Tratado nuestro país queda incluido en el proyecto de hacer de Norteamérica una unidad compacta de producción agrícola e industrial, fuerzas financieras, técnicas y militares, lo que equivale a comprometer el sentido de nuestra actuación en dicho bloque diseñado como hegemonía mundial, rival de la que China pretende encabezar.

Articularnos con dicha rivalidad bien podría acelerar el ritmo de nuestro desarrollo económico, pero a riesgo de desdibujar el perfil cultural que florece en el carácter y costumbres de nuestro país. Canadá, socio también del T-MEC, defiende su personalidad nacional contra la invasión cultural de su vecino, excluyendo ciertas actividades y servicios de dicho Tratado.

Hace tiempo hemos buscado diversificar nuestros intercambios con el exterior, pero desgraciadamente ese propósito apenas se ha realizado. Pocos destinos de ventas: a la Unión Europea (4.7%) o Canadá (3.1%), o importaciones de China (18%), de la Unión Europea (11.4%) y de Japón (3.9%).

Al lado de los convenios comerciales, México ha firmado cientos de instrumentos de toda índole, por lo que aprovechamos tradiciones y experiencias de todo el mundo en asuntos agrícolas, industriales y servicios, desde métodos domésticos de manejo de agua en zonas áridas hasta adelantos científicos.

Tenemos excelentes arreglos de complementación económica con América Latina bajo la ALADI y en 2012 creamos con Colombia, Chile y Perú la Alianza del Pacifico. Hay que tomar nota que desde 2005 Chile firmó un acuerdo con China y Perú hizo lo mismo en 2009.

Nuestra firma del Tratado Transpacífico, nuestra asociación en APEC nos enlazan con Asia. El proyecto de la Ruta de Seda, que ensarta una docena de países de Asia Central que abarca el 60 por ciento de la población mundial y, por ahora, el 35 por ciento de la economía mundial, conecta a China con Europa y abre la oportunidad de adquirir calidad de país asociado para acceder a esos nuevos mercados. Hacer esto, empero, requiere informar a nuestros dos socios del T-MEC y obtener su permiso.

Además de pertenecer a esos grupos regionales contamos con catorce acuerdos comerciales firmados con más de cuarenta países. La mayor parte de ellos, sin embargo, arrojan déficit en lugar de promover las exportaciones. La desequilibrada ejecución de los acuerdos los convirtieron en canales que nuestras contrapartes usan para realizar sus ventas, mientras que nosotros desperdiciamos reducciones arancelarias también negociadas para nuestros artículos que buscan mercados foráneos.

En vista del injusto manejo anterior en la OMC se menciona que el principio de equidad debe regir en los acuerdos para que los beneficios sean aprovechados por ambas partes. Podrían fijarse los montos o valores superados, con los cuales se daña la estabilidad del mercado interno de una de las partes o se afecta sus niveles de ocupación. La equidad perdida se reestablece, por ejemplo, ampliando la lista de productos mexicanos que el acuerdo favorece.

Otros acuerdos de “segunda generación” deben estipular el compromiso de producir, no simplemente de vender, los artículos objeto en el acuerdo comercial. Las Secretarías de Economía y de Trabajo facilitarían la acción correspondiente de los empresarios extranjeros.

Los panistas tenemos la misión de ejercer toda la influencia posible para que la meta anterior se cumpla. En la esfera de sus parlamentarios y funcionarios federales y estatales deben promover el ajuste necesario en los acuerdos vigentes y por firmar.

El comercio exterior es un factor geopolítico básico para que México participe en términos de igualdad en el tablero mundial donde se toman decisiones sobre normas internacionales o sobre el respeto a los derechos humanos o el combate al crimen organizado.

En cuanto a temas transcendentales como el del cambio climático o las prevenciones ecológicas, el año 2021 anuncia problemas ecológicos mayores para México como el de la escasez de agua que nos lleva a la interpretación y aplicación del Tratado de Aguas con Estados Unidos de 1944 y que es mero ejemplo de los 2 mil 200 millones de seres humanos que carecen de agua potable. La destrucción de bosques y fauna productiva, la desertificación y protección a los bosques que se han reducido en 178 millones de hectáreas entre 1990 y 2020 se inscriben en esa agenda.

Los financiamientos que el gobierno de México necesita para ser parte activa en la solución de dichos dramáticos problemas mundiales suponen estrategias que unzan su vasto potencial a una política económica internacional coherente y productiva. Para ello, se requieren éxitos en los acuerdos económicos.

Por ahora el gobierno de México no cuenta con una estrategia que unza su vasto potencial en una política internacional coherente y productiva. Este tema es importante para el PAN que desde su fundación en 1939 ha luchado por el máximo bienestar del pueblo mexicano.

Los diputados del PAN que en 2021 se integren a la Cámara baja y congresos estatales deben participar en comisiones ad hoc y valerse de la diplomacia parlamentaria donde el PAN tiene larga experiencia.

Nuestro Partido tiene la responsabilidad de orientar a sus miembros y muy especialmente a los más jóvenes, para que aprecien la necesidad de ampliar a todo el mundo el comercio exterior y no continuar en el error de creer que el de futuro de México está limitado.