México es un país que ha vivido mucho tiempo bajo un sistema autoritario, pero declarado demócrata, y algunos opinaban que era preferible un gobierno autoritario que uno democrático. La insatisfacción con un gobierno democrático coincidió con un bajo crecimiento económico, el fortalecimiento de la democracia requiere también de un sistema económico que lo sostenga.

Pero a pesar de todo, la democracia se fue imponiendo, primero con simulaciones, pero finalmente con avances. La reforma de 1977 dio lugar a grupos parlamentarios opositores: el PAN tenía 51 diputados, era el 12.8 por ciento; el PSUM 17, el 4.3; el PDM 12, el 3.0; el PST 11, el 2.8, y el PPS 10, el 2.5. Con este nivel de la oposición, el partido oficial podía hacer su voluntad en todos los casos, contaba con los escaños y los votos suficientes para reformar por sí mismo la Constitución de la República.

La vida política se organizaba, en lo fundamental, a través de tres partidos que eran considerados como la institucionalización de la revolución: el PNR-PRM-PRI. Estos partidos pretendían ser el producto del movimiento armado de 1910 y lo convirtieron en una fórmula centralizadora con un árbitro incuestionable: el presidente.

Hoy, las cosas son diferentes, pues los estados de la República están gobernados por diferentes partidos y coaliciones, algunos han vivido la alternancia y los gobernadores coexisten con presidentes municipales de partidos distintos.

La mayoría de los Congresos estatales están conformados con diversas representaciones políticas, lo que impide que una sola de ellas imponga su voluntad.

En la pasada elección, la participación de los votantes alcanzó el 52 por ciento, una de las más altas en elecciones intermedias. También se impuso la pluralidad, ningún partido, ni en coalición, obtuvo la mayoría calificada, por lo que tendrán que negociar para aprobar reformas.

Pero el pasado domingo no sólo se eligieron diputados, se eligieron también presidentes municipales y gobernadores. De estos últimos ya se reconocen cinco, de los cuales dos son mujeres, Colima y Chihuahua. Están en disputa Michoacán, Campeche y Sonora.

Maru Campos, quien ganó la gubernatura de Chihuahua, no la tuvo fácil, el actual gobernador se oponía a que ella fuera la candidata y se valió de todos los medios a su alcance para que se retirara, pero ella se mantuvo. El gobernador puso a su candidato, que era un buen candidato, pero perdió, pese al gran apoyo que se le dio.

Maru Campos fue la presidenta municipal de la ciudad capital de Chihuahua y su gobierno fue calificado entre los mejores. La ciudadanía reconoció su capacidad profesional y su honestidad, y le dio todo su apoyo.

Las mujeres ya están demostrando que además de saber gobernar también saben competir.

Varias mujeres encabezaron las candidaturas para presidentas municipales y ganaron.

En las pasadas elecciones, los votantes mexicanos impusieron la pluralidad al dejar sin mayoría calificada al partido en el poder y sus aliados. Ninguno de los bloques de partidos alcanzó sus expectativas, por lo que tendrán que negociar entre ellos para imponer reformas. El diálogo será muy necesario.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN.