Por tradición, vocación e historia, el PAN ha sido la institución política que ha promovido la agenda de las mujeres, incluso desde la propia fundación, en la que participaron 11 mujeres. La Sección Femenina se creó tan pronto como el 16 de noviembre de 1939, encabezada por Amelia Sodi. Estos hechos no resultarían tan relevantes, si no tuviéramos en cuenta que, por esas fechas, las mujeres no podían votar ni ser votadas.

En congruencia con la importancia dada a las mujeres, los primeros cuatro legisladores propusieron el voto a la mujer a nivel municipal, el 23 de diciembre de 1946, y por vez primera el voto en elecciones federales, el 7 de octubre de 1947. Inclusive, ya habiéndose aprobado por el Congreso de la Unión la reforma para que las mujeres pudieran votar, los legisladores del PAN presionaron al presidente para que publicara el decreto que había guardado, otorgándose el derecho al voto el 17 de octubre de 1953.

Antes de que las mujeres pudieran votar y ser votadas, el PAN propuso a su primera candidata en Tacámbaro, Michoacán, en la persona de Delfina Botello, en 1947, época en la que no podía votar ni por sí misma. Bajo el primer gobierno de la alternancia se creó el Instituto Nacional de las Mujeres, honrando así una larga y consagrada tradición. Muchas han sido las mujeres pioneras en Acción Nacional y muchas otras las que han destacado por sus vitales aportaciones. Desde el legislativo fueron pioneras Florentina Villalobos, primera diputada en 1964 y Carmen Bolado del Real, primera senadora en 1994.

Las ideas y los escritos de las mujeres panistas son de una riqueza incomparable. Fiel a las ideas sobre la técnica de Manuel Gómez Morin, Florentina Villalobos afirmaba en 1981: “La acción política se puede llevar a la práctica de dos maneras: con técnica o sin ella. El trabajo político... No debe efectuarse de cualquier manera. El trabajo político vale la pena de hacerse: vamos a hacerlo bien. No se puede realizar un trabajo si no se conocen, si no se tienen enfrente los objetivos: El fin que perseguimos, el resultado que queremos alcanzar. No se puede atinar a un blanco que no se ve, ni se tiene. Para un barco sin rumbo no hay buen viento”.

Patricia Espinosa, primera titular del Instituto Nacional de las Mujeres, planteaba “el reto de vencer las estructuras discriminatorias que imperan, no sólo en la esfera política, sino en todas las estructuras de la sociedad que limitan y discriminan a las mujeres cuando desean acceder a puestos de toma de decisiones y de alta jerarquía. Por otro lado, superar esas creencias tradicionales sobre la incapacidad de las mujeres para desempeñar actividades diferentes a las asignadas por sus roles de esposa, madre, ama de casa y de prestadora de servicios. En México, todavía las mujeres mexicanas estamos transitando la etapa de hacernos visibles, es decir, de combatir la invisibilidad en los diversos espacios políticos”.

María Luisa Garcinava, otra insigne panista, hablaba claramente acerca de la cada vez más inminente participación de la mujer en la vida pública: “A los que se oponen a que la mujer salga del hogar, se les puede hacer ver lo inútil de su empeño. Las necesidades de la vida actual mantienen a la mujer fuera de casa y es tonto predicarnos que volvamos a ella, mientras existan las circunstancias que nos obligan a salir. Más razonable sería darnos una preparación moral e intelectual adecuadas, para que seamos siempre y en todas partes mujeres íntegras. Siendo un hecho que la mujer ha salido del hogar y que esto es inevitable, hay que aprovechar esa salida para obtener mayores bienes”.

Luisa Isabel Salas, dirigente en los años cincuenta, afirmaba contundentemente: “La correcta solución de los diversos problemas que afectan a la mujer, particularmente en una época como la actual, deriva del reconocimiento de lo que constituye la fuente de sus derechos y la raíz, de sus obligaciones: su dignidad de persona humana, con un cuerpo al que hay que dar casa, vestido y sustento y un alma redimida portadora de un destino eterno que salvar. De ese reconocimiento brotará una serie de consecuencias…”.

Y al referirse al papel de las mujeres como legisladoras, Carlos Castillo Peraza sostenía que: “La mujer legisladora, la diputada, tiene ante sí la oportunidad de descubrir cada día nuevas posibilidades de contribuir a la significación del papel que el funcionamiento público representa; su sola presencia, cuando es auténtica, es ya un tabú que se rompe; el ejercicio de la política no es privativo de los hombres, ni para ejercerla deben darse concesiones a la corrupción o a la venta de conciencia; la política es una misión altísima que los hombres y las mujeres debemos valorar y ejercitar poniendo en juego todas las capacidades; la política no está reñida con la moral, al contrario, la supone; la política no está reñida con el bien, al contrario, lo persigue; la política no está reñida con la verdad, al contrario, la necesita. La política, pues, no está reñida con la femineidad, ésta dignifica su ejercicio y aquella propicia su realización en el servicio de los demás”. Para el PAN, la presencia de las mujeres ha sido fuerza vital, factor de cohesión, dinamismo que impulsa las grandes realizaciones desde la misma fundación del Partido.

No podemos dejar de lado a la insigne María Ignacia Mejía, cuya fotografía al lado de Efraín González Luna realza para la posteridad el elevado papel que las mujeres tienen en el PAN: “Acción Nacional no sólo quiere despertar en la mujer el anhelo de realizar un ideal, sino que se empeña en capacitarla para realizarlo de verdad, que si su papel al lado del hombre es el de inspiradora consejera e impulsora, pueda encontrar en ella él la inspiración noble y genial, el consejo inteligente y atinado, la frase alentadora y eficaz… Acción Nacional empieza por despertar en ella el anhelo de realizar un ideal, un ideal que llegue a constituirse en el móvil poderosísimo de todos sus actos; un ideal que pueda elevarla muy por encima de las trivialidades que constituyen su vida; un ideal que, como una fuerza poderosa, la lleve en su realización hasta las cumbres del heroísmo”. Todo esto fue dicho en tiempos en los que las mujeres no podían votar; todo esto lo afirmó quien con su presencia y talento fecundó con su pensamiento los orígenes del PAN, y que todavía hasta el día de hoy, como tantas otras mujeres que se han entregado al Partido, nos inspira con sus palabras.

 

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