Según el estudio “Medición Multidimensional de la Pobreza en México 2018-2020” del CONEVAL, durante el gobierno de López Obrador la pobreza ha aumentado un 7.3 por ciento y la pobreza extrema 24 por ciento. Esto es sumamente grave, pues significa que más de 3.8 millones de personas se sumaron a las filas de la pobreza y que 2.1 millones de personas pasaron a la pobreza extrema.

Si bien la pandemia ha influido, no podemos dejar de señalar las graves fallas del sistema de subsidios y dádivas del gobierno, el cual pareciera estar pensado más en la búsqueda de votos que en la superación de la pobreza.

Sólo una táctica electorera podría explicar por qué, quien supuestamente habla de “primero los pobres”, haya reducido los apoyos a la población más vulnerable, los cuales según el estudio pasaron de 22.4 a 14.8 por ciento. El gobierno en lugar de focalizar los recursos en quienes más lo necesitaban, sacrificó su efectividad para ampliar su cobertura, incluso para quienes no los requerían.

Asimismo, los resultados del CONEVAL evidenciaron que las dádivas nunca se compararán con contar con un empleo digno, por lo que la prioridad debería ser apoyar a las empresas para generar más y mejores empleos formales. Tal como afirma la sabiduría popular que sostiene que “es mejor enseñar a pescar que simplemente dar un pescado”.

La experiencia internacional así lo ha demostrado y para ello el caso chino es paradigmático. Un país que pasó de ser una de las economías más pobres del mundo en 1978, con un PIB per cápita inferior a US$ 200 a ser un país de ingresos medios altos en 2018 con un PIB per cápita cercano a US$ 10.000.

Según el Fondo Monetario Internacional, en su estudio “Why Is China Growing So Fast?”, el crecimiento chino es atribuible a la inversión de capital que hizo al país más productivo al contar con nueva maquinaria, mejor tecnología y mayor infraestructura; a los incentivos a las ganancias que llevaron a las empresas a invertir en mejorar el desempeño, y a los estímulos a la inversión extranjera directa, que crearon más puestos de trabajo y vincularon la economía con los mercados internacionales.

Contrario a ello, en México, el gobierno ve a las empresas como enemigos al grado de haberse negado a darles apoyos para afrontar la pandemia. Y ahuyenta la inversión extranjera directa con decisiones como la cancelación del aeropuerto o la de la cervecera en Mexicali, y los ataques a las empresas de energías renovables. Todo lo cual ha influido en que nuestro país lleve dos años a la baja en el Ranking de Competitividad Mundial de la IMD, ubicándose en el puesto 55 de 63 economías evaluadas.

La doctrina del PAN es muy clara al respecto. El desarrollo debe ser promovido por inversión, “no sólo en infraestructura y bienes de capital sino y, sobre todo, en las capacidades de las personas”. Y si bien el Estado debe distribuir los beneficios económicos, esto no debe entenderse “como un reparto asistencialista de recursos, sino que debe basarse en el diseño de políticas públicas que reorienten la actividad productiva en los sectores afectados”.

Otro de los datos relevantes que arrojó el estudio del CONEVAL fue el grave retroceso al acceso a la salud. Es irónico que quienes prometieron un sistema de salud “como el de Dinamarca” causaran un aumento de 12 puntos porcentuales de la gente sin acceso a la salud, lo cual resulta inaceptable especialmente cuando enfrentamos una pandemia.

Detrás de este retroceso se encuentra la decisión del gobierno de desaparecer el Seguro Popular, lo que ha implicado que 15.6 millones de personas perdieran la protección en salud. Y lo más lamentable es que la población en pobreza extrema ha sido la más afectada, en donde el porcentaje de la gente desprotegida pasó de 25.6 a 57.3 por ciento.

A ello se suma la decisión del gobierno de concentrar todas las compras consolidadas en la Secretaría de Hacienda, la cual -inexperta- causó la peor crisis de desabasto de medicamentos de la historia reciente del país. Hoy más de la mitad de los niños que nacieron en este periodo no cuentan con su esquema completo de vacunación y los padres de los niños con cáncer siguen en su lucha para que sus hijos cuenten con los medicamentos.

Tratándose de temas tan delicados como la pobreza y el acceso a la salud, no es ético ni moral argumentar que se tienen otros datos o culpar simplemente a la pandemia. Se requiere de una actitud responsable y de un análisis serio con base en la realidad. Es urgente un cambio de estrategia con la participación coordinada de los tres órdenes de gobierno y de la sociedad civil.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Diputado Federal y Vicepresidente de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.

Twitter: @MarcoAdame