La historia de Taiwán es muy anterior a cuando los españoles la llamaban “Formosa”. Con el reconocimiento en 1972 de la República Popular de China dejamos de tener relación diplomática normal con Taiwán, que Beijing cataloga simplemente como una “Provincia Rebelde”. La historia se remonta a Sun Yat- sen, fundador del Kuomintang (KMT), grupo de formación leninista, que fue elegido (enero de 1912) presidente de la recién nacida República China y que sustituyó a la dinastía Ming. A su muerte, en 1924, Chiang Kai-shek asumió la presidencia del KMT y de la República de China. Aliado con Mao Tse-Tung combatió a la invasión japonesa. Surgió una guerra civil y el Ejército de Liberación Nacional de Mao Tse-Tung venció en 1949 a los nacionalistas y fundó la Republica Popular Socialista. Fue entonces que el Generalísimo Chiang Kai-shek cruzó el estrecho de mar para trasladar la República de China a la isla de Taiwán con Taipéi como capital.

Después de encuentros preliminares entre Estados Unidos y la China popular, comenzando con el famoso juego de ping-pong, siguió la visita del presidente Nixon a China en febrero de 1972 que estableció relaciones formales entre los dos países. El México de Echeverría lo hizo el 14 febrero de 1972.

Una mayoría de países siguieron. Sólo una corta lista retendría relaciones con Taipéi. Entre las latinoamericanas hoy se cuentan Honduras. Paraguay, Guatemala y Paraguay. Las nuestras se hacen a través de su “Oficina de Representación Económica y Cultural”, como la que funcionó con la España de la época franquista.

Las relaciones bilaterales han saltado por encima de la formalidad. En 2017 el intercambio comercial alcanzó la cifra 6 mil 900 millones de pesos, mientras que al menos 300 empresas taiwanesas trabajaban en México, dando trabajo a más de 60 mil empleados mexicanos. México es su socio comercial latinoamericano más importante.

Taiwán registró un 8.6 por ciento de crecimiento económico en 2021. Taiwán promueve industrias en inteligencia artificial, energía sostenible, electrónica y de salud de precisión con proyectos de cooperación en materia de educación y “desarrollo de los más vulnerables”. Aspira a firmar el Tratado Internacional Progresista de Asociación Transpacífico.

La relación académica es activa, pues 40 universidades de Taiwán ofrecen más de 200 programas de becas a mexicanos y cientos de estudiantes.

Beijing exige respeto a su principio de una sola China y que Taiwán es entidad inseparable. El tema no admite posibilidad de arreglo y Taiwán no tiene por qué perder su identidad internacional que se originó en 1912.

El tema es de interés actual, pues Rusia se apropió de Crimea en 2014 alegando su pertinencia histórica. Si esa acción no provocó reacción mayor en el mundo, otro país podría hacer lo mismo y China Popular ocuparía Taiwán con el mismo argumento.

La inesperada invasión rusa a Ucrania y la ocupación de zonas orientales de Donetsk y Lugansk y de Zaporizhzhia y Kherson al sur, con activa operación militar, seguida por la decisión de la Duma (congreso) de anexarlas a Rusia es un ejemplo de lo que podría pasar en Taiwán.

Aunque China no ha aprobado dichas acciones ordenadas por Putin, existe la posibilidad de una acción análoga de Beijing para invadir y ocupar Taiwán. Tal hecho no dejaría espacio a negociaciones sino a una guerra de consecuencias imprevisibles.

La cuidadosa relación que México ha seguido desde 1972 para respetar la política china pone en relieve el choque entre la política de Beijing y los acuerdos de colaboración firmados con Taipéi a lo largo de los años. Ante la eventualidad de una acción china, Tlatelolco tendría que definirse.

De ocurrir esta situación de aquí a 2024 nuestra pasividad, sin reacción alguna, respecto a la invasión rusa de Ucrania parecería repetirse.

 

Julio Faesler Carlisle es integrante del Consejo de Plumas Azules.