“Nuestra democracia ha de ser cada vez más el medio para fortalecer el Estado de derecho, para que todas y todos los mexicanos vivamos con mayor seguridad y en paz”.

Carlos María Abascal Carranza

 

Uno de los asuntos que más preocupa del actual sexenio es la grave y desgarradora crisis de violencia agravada por la delincuencia común y el crimen organizado. La causa es el rotundo fracaso de la política de seguridad. La estrategia de “abrazos no balazos” es un fiasco y es urgente corregir el rumbo.

Por más que el gobierno siga insistiendo en culpar al pasado, lo cierto es que los tres años que llevan gobernando son los más violentos desde que se tenga registro. El 2019 ha sido el año más violento de nuestra historia con más de 35 mil 600 homicidios y el 2020 estuvo apenas por debajo, aún y con el confinamiento causado por la pandemia.

Asimismo, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los primeros 30 meses de este sexenio los homicidios han sido 138 por ciento mayores que durante el sexenio de Calderón y 78 por ciento más que durante el de Peña Nieto.

A su vez, según la Secretaría de Gobernación, del 2006 a la fecha suman cerca de noventa mil casos de personas desaparecidas, de los cuales uno de cada cuatro ha sucedido con este gobierno. Siendo el 2019 el peor año con más de 9 mil casos, seguido por el 2020 con 8 mil 437.

El fracaso radica en la concepción misma de la estrategia por parte del Gobierno federal. Los estudios en criminología sostienen que la prevención de la delincuencia se puede realizar mediante tres mecanismos: incapacitación, disuasión específica y disuasión general.

La incapacitación se refiere a los delitos evitados por el encarcelamiento de criminales. La disuasión específica se refiere a la reducción de la reincidencia derivada de haber recibido un castigo previo. Y la disuasión general consiste en que la amenaza de castigo puede persuadir para no cometer los delitos.

En los casos de disuasión, los delincuentes sopesan la relación costo-beneficio de cometer un crimen. Si los costos de las sanciones son lo suficientemente severos, la actividad delictiva se desalentará. Pero para ello debe haber la certeza de que el delincuente recibirá un castigo, lo que implica la detención, ser procesado con éxito y la sentencia por el poder judicial.

El mensaje de la estrategia de “abrazos no balazos” o de “laissez faire” -como la denominó el ex embajador norteamericano- es de la tolerancia al crimen, de la impunidad y de la ausencia del Estado de Derecho. La liberación de miembros del crimen organizado ha sido evidente, así como los abrazos para sus familiares. Lo que se suma a la falta de denuncias, según el INEGI en el 2019 el 92.4 por ciento de los delitos no fueron denunciados o no se inició una carpeta de investigación.

La falta de disuasión y la ausencia del Estado de Derecho han llevado a que en nuestro país se incrementen los índices delictivos en los últimos años. Contrario a ello, en 1994, Rudolph Giuliani, siendo alcalde de Nueva York, promovió la política de “tolerancia cero”, ordenando las comunidades y no permitiendo transgresiones a la ley. Como resultado se abatieron los índices criminales de la ciudad.

En Acción Nacional nuestra apuesta es por evitar que se siga incrementando el dolor evitable de este cáncer social que es la violencia, porque haya pleno respeto a la ley, así como por garantizar la seguridad de las familias mexicanas a fin de que se desarrollen en un ambiente de paz.

Es urgente corregir la estrategia de seguridad mediante una respuesta integral, con sentido de urgencia, con la participación de todos, con visión de Estado e impulsar un pacto nacional. Sólo así podremos resolver esta grave crisis de violencia que está destruyendo al país y que compromete el futuro de México.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Diputado Federal y Vicepresidente de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.

Twitter: @MarcoAdame