Por María Elena Álvarez de Vicencio. Conocí la revista en 1950. Entonces era dirigente de la Acción Católica y no sabía casi nada de política. No me gustó la revista; me molestó su pertinaz crítica a las acciones del Gobierno. Pasaron los años y en 1957 Abel Vicencio y yo nos casamos e ingresamos al PAN. En la primera reunión en que vi a don Manuel Gómez Morin le dije que no me gustaba tanta crítica al gobierno en nuestra revista y le di algunos ejemplos del último número. Don Manuel me escuchó con gran atención, como él acostumbraba, y mirándome a los ojos con genuino interés, me dijo: “voy a revisar eso”. Poco después recibí de parte del Presidente Nacional del Partido, el señor Alfonso Ituarte, la información que venía en un periódico relativo a un seminario que impartiría la UNAM sobre el Sistema Político Mexicano. Abel y yo asistimos con gran interés. Al terminar tal seminario decidimos hablar con Don Manuel. Él estaba siempre accesible y quisimos que conociera el engaño de tal evento que había sido un pretexto para denostar al PAN. Don Manuel nos agradeció la información y escribió un artículo en el periódico denunciando la falacia de tal seminario, del cual nos hizo llegar el recorte. Este fue mi primer encuentro con la política del sistema y no me volvieron a parecer excesivas las críticas que el PAN hacía en La Nación, la cual ahora esperaba para ponerme al día sobre la verdad de lo que sucedía en México. La Nación era el texto que se usaba en las juntas del Comité del Distrito XVII que Abel presidía. Se leía y comentaba el “Mensaje del Presidente” (del Partido) y las noticias de las acciones de los panistas en toda la República. Se informaba también de la opinión del PAN sobre las diferentes acciones de gobierno y todo esto gracias al contenido de la revista La Nación, que era el texto de cabecera de los panistas de esa época. La revista era el lazo de unión del panismo, por ella sabíamos además, de la vida de la organización y de la de sus dirigentes. Nuestra revista era buscada por los intelectuales y politólogos interesados en saber la verdad de lo que ocurría en el país. Sólo por ella se conocían las irregularidades y atracos ocurridos en los procesos electorales. Sólo por La Nación se sabía lo que sucedía realmente en la Cámara de Diputados, ya que los periódicos sólo informaban de lo que decían los priistas. En la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM varios maestros dejaban realizar investigaciones, teniendo como fuente a la revista La Nación. Nuestra revista ayudó a que los interesados en saber la verdad de lo ocurrido, tuvieran un medio donde encontrar la información que el sistema ocultaba. A 73 años, México ha cambiado, en buena medida gracias al Partido Acción Nacional y a su revista La Nación. Los objetivos de la revista no han cambiado, todavía se requiere sacar a la luz la verdad oculta, porque se sigue ocultando mucho. Tiene que seguir siendo el lazo de unión del panismo y sobre todo tiene que seguir ejerciendo la crítica, acompañada de la propuesta, en lo interno y en lo externo. México sigue esperando mucho de Acción Nacional y de su gran instrumento de comunicación que deberá seguir siendo la REVISTA LA NACIÓN. María Elena Álvarez de Vicencio es Consejera Nacional del PAN.