En los últimos meses, la incidencia de mujeres desaparecidas y encontradas con desenlaces fatales en México nos ha sobrecogido y hermanado a mujeres mayores y jóvenes, profesionistas, vendedoras, amas de casa, académicas, artistas y de todas las clases sociales. Una palabra, antes distante, ahora lamentablemente suena con frecuencia: feminicidio. En este artículo haremos una revisión al concepto desde la sociología e identificaremos algunos de los vacíos institucionales sobre los que como sociedad debemos reflexionar y actuar.

El término femicide fue propuesto en 1990 por la psicóloga social Diana Russell y definido como “el asesinato de mujeres a manos de hombres debido a que son mujeres”. La misma autora en sus investigaciones de campo identificó que los perpetradores son motivados por cuatro razones: sentir que tienen derecho a matarlas, sentido de fuerza y de superioridad sobre la mujer, por placer o deseos sádicos hacia la mujer y porque argumentan una suposición de propiedad de la mujer.

El concepto trascendió del ámbito académico al jurídico y se convirtió en una acción afirmativa en favor de las mujeres. Este hecho fue fundamental, ya que permitió reconocerlo y abordarlo como política pública y con ello dejar de lado una preconcepción popular de que los perpretadores eran hombres con conductas patológicas aisladas o que los feminicidas actuaban en el marco de un “crimen pasional”.

De acuerdo con Laura Esquivel (2022) la violencia hacia la mujer en nuestro país se ha recrudecido en los últimos tres años: “el número de feminicidios creció un 121 por ciento con alrededor de 3 mil 109 casos registrados desde inicios de 2019, según datos oficiales”. Al respecto, la antropóloga Marcela Lagarde[1] había aseverado que “la violencia está presente antes del homicidio de formas diversas a lo largo de la vida de las mujeres, incluso, después de perpetrado el homicidio continúa como violencia institucional a través de la impunidad”.

Para comprender lo sucedido a Marisol, Debanhí, Yolanda y las 11 mujeres que diariamente pierden la vida por feminicidio en México se torna necesario comprender que la estructura de la violencia cotidiana contra las mujeres y niñas sigue creciendo en un país donde prevalece una cultura patriarcal, en donde la violencia se normaliza y permea una concepción social que desvaloriza a la mujer.

Muy alejadas de la realidad quedan las declaraciones del presidente de la República, más interesado en definir una agenda mediática “con sus datos”, que por defender a las víctimas, pero a las jóvenes, a los colectivos feministas y de desaparecidos, cada vez mejor organizados y comunicados, no las engaña el presidente porque éstos dan seguimiento a las redes sociales, a los desplegados de búsqueda y a las víctimas. Sus carteles morados y verdes con frases como “nos están matando” o “calladitas no nos vemos más bonitas” anegan las calles, monumentos, muros y las redes sociales, y con ello se sigue extendiendo la oleada de indignación en el país.

“A las mujeres en México no sólo nos matan, sino que además la prensa nos remata”: Colectivo feminista

Numerosos medios de comunicación siguen abordando los feminicidios como “crímenes pasionales” o dedican sus páginas a referir pasajes de la historia personal de la víctima de forma sensacionalista, exhibiendo fotografías de sus cuerpos y con ello estigamatizándola o reduciéndola a un simple número en una estadística, de tal manera que se llega al absurdo de terminar cuestionando a la víctima de ser víctima. Igualmente, para sus sobrevivientes, que aunado al dolor de la búsqueda, de la muerte y de la falta de justicia, tienen que cargar además con el oportunismo de los medios de comunicación y con testimonios que juzgan la vida privada de la hija, hermana, amiga o esposa asesinada, en lugar de señalar y cuestionar la inseguridad que prevalece en un país que no garantiza la protección y el cuidado de sus mujeres, jóvenes y niñas.

De acuerdo con datos oficiales recopilados por el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre como los medios de comunicación retratan la violencia contra la mujer, se concluye que “oscilan considerablemente entre la banalización y la sensacionalización de la violencia y fracasan a la hora de humanizar el tema”. Según este estudio, los feminicidios son mostrados como espectáculos donde permea en su mayoría un lenguaje policial y una mirada que estereotipa a las mujeres y como bien escribe un colectivo feminista de estudiantes de la UAM: “las mujeres no aparecemos muertas o simplemente morimos. Somos asesinadas”.

 

Magda Moreno Ortíz es Secretaria de Promoción Política de la Mujer en el CDE de Tamaulipas. Twitter: Magda_MorenoO

 

 

[1] Promovió el delito de feminicidio en el Código Penal Federal e impulsó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en el 2007.