Editorial

Junio 2015

Maricarmen Rizo

La Nación

Por Gustavo Madero Muñoz. Para contextualizar y entender mejor este proceso es conveniente resaltar el escenario, el ambiente preelectoral que estuvo cargado de una notoria desafección ciudadana a la cosa pública, negatividad, desazón y falta de confianza en los partidos, en el gobierno y en el presidente Peña Nieto. La expresión “los partidos no nos representan” se constataba en la falta de confianza de los ciudadanos en los partidos políticos: 1 por ciento decía tener MUCHA, 25 REGULAR y NADA 50. Este ánimo pesado y anticlimático alentó fuertes discusiones y movimientos anulistas, obstruccionistas y abstencionistas que cuestionaban el sentido de participar o que incluso cuestionaban el propio modelo de democracia representativa y su utilidad o disfuncionalidad social. El PAN llegó con los mejores candidatos que fueron electos en su gran mayoría por el voto directo de sus militantes. En mí recorrido por el país constaté que teníamos excelentes candidatas y candidatos que hicieron una gran campaña y a nombre del Partido los felicitamos, así como también a sus equipos y a los Comités Municipales y Estatales. Nuestra campaña inició con el mensaje enfático de “México no está contento, necesitamos un cambio de rumbo con buenas ideas para mejorar el ingreso de las familias, para combatir la inseguridad y la repugnante corrupción”. Los ciudadanos estuvieron buscando cuál de las ofertas políticas traía el mayor contenido anti status quo y quién pudiera ser su mejor vehículo para cambiar su situación y su gobierno. Todas las expresiones diferentes a lo convencional, lo que tuviera una mayor apariencia de independiente, de ciudadano, tuvieron un premio por parte  del electorado. El famoso “Bronco” logró con habilidad encarnar el papel del vengador ciudadano ante la corrupción del PRI y del gobierno del estado de Nuevo León, sin menoscabo de su condición de priista de 33 años hasta unas semanas antes de la elección. Pero el viento era favorable para estas expresiones y nuestro Partido no siempre tuvo la capacidad para alimentarse de ellas y más bien configuraron una nueva competencia que se sumaba a la de ganarle al PRI (en todos los procesos) y al PRD (en algunos estados específicos como el Distrito Federal, Michoacán, Guerrero y San Luis Potosí). El dilema “ciudadanos indignados” vs “partidocracia que no nos representa” permitió que, donde hubo condiciones, los independientes, las ofertas innovadoras y los nuevos partidos capturaran el mayor crecimiento de intención de voto y triunfos significativos a costa de la tajada de los tres partidos más grandes. El PRD fue el más afectado con la irrupción de Morena perdiendo la mayoría en la Asamblea del Distrito Federal. El PRI también fue un gran damnificado al perder Nuevo León, Jalisco y perder más de 10 millones de población gobernada en municipios. El PAN no podía quedar ajeno a este fenómeno y nos afectó cuando nos desplazó como mejor alternativa de cambio o de combate al PRI y a la corrupción. El impacto también se mide en costo de oportunidad en espacios que no gobernábamos, pero deberíamos haber podido ganar en esta elección. En las elecciones locales concurrentes los resultados fueron importantes triunfos para el PAN y nuestros candidatos, además logramos crecer con un contundente 32 por ciento en municipios y diputaciones locales. A pesar de todo, el PAN tendrá mayoría en más estados y nos consolidamos como la segunda fuerza política nacional en un entorno de una oposición difusa y fragmentada en seis partidos que ostentarán entre el 3 y el 11 por ciento de la votación. Respecto a los diputados federales disminuiremos en seis diputados el tamaño de nuestra bancada, porque aun cuando ganamos más distritos de mayoría perderemos 10 plurinominales por el mayor número de partidos, por la siniestra estrategia del PRI-PVEM y por la disminución del porcentaje de votos obtenidos. La sobrerrepresentación del PRI la obtiene de los estados donde no se ha dado alternancia y de los estados donde no hubo concurrencia con elecciones locales. El resultado más lamentable para el PAN y para México es que el PRI y sus partidos satélites tendrán mayoría en la Cámara de Diputados, lo cual significa que gran parte de los mexicanos que no queremos al PRI ni a sus prácticas políticas estemos mayoritariamente representados en el Congreso. De acuerdo a nuestros estatutos, próximamente estaremos convocando a la renovación de nuestros órganos de dirección conforme a lo previsto en la pasada reforma. Esto abrirá una gran oportunidad para nuestro Partido, para revisarse y renovarse. Debemos reconocer que el sistema político está fallando y que no está resolviendo los grandes problemas de las mayorías. El PAN puede y debe ser el instrumento para que los ciudadanos encuentren respuestas reales ante la falta de ingreso, de seguridad, ante la corrupción y la impunidad, consolidando un verdadero Estado de Derecho en México y defendiéndolo hasta la saciedad. Aprovechemos este proceso de renovación para sacar entre todos el mejor PAN, para que sea el mejor instrumento para cambiar a México y solucionar los problemas de las mayorías, sin odios y sin violencia.

Gustavo Madero Muñoz