Por Luis Martínez Alcántara. El Partido Acción Nacional se fundó en 1939. Dos años después, concretamente el 18 de octubre de 1941, se publicó el primer número de La Nación, reconocido desde entonces como el órgano oficial del PAN y desde entonces ha sido y es pilar de nuestro Partido. Cuando cumplió 50 años, La Nación sólo había tenido cuatro directores: don Carlos Septién García quien la dirigió durante seis años y medio. Al retirarse él, después de haberle dado plena identidad a la revista, lo sucedió en el cargo don Alejandro Avilés, quien permaneció en el cargo durante 15 años. El tercero fue don Gerardo Medina Valdés, quien estuvo 25 años y cuatro años quien esto escribe. En esta colaboración quiero plantear, brevemente, la relación de La Nación con el PAN y la enorme riqueza de la etapa que nos tocó vivir junto con mi equipo de trabajo. Para comprender la estrecha relación entre la revista La Nación y el Partido Acción Nacional, recordaré el pensamiento de don Carlos Septién García, quien escribió en 1944 que “(La Nación) es un periódico fundamentalmente político y de lucha social”. Con esto como base definió el principal objetivo en la acción de la revista: “Lograr la formación de una opinión pública nacional, consistente, capaz de sustentar con firmeza la doctrina de Acción Nacional y resuelta a trabajar por hacerla realidad; una opinión capaz de ser por su claridad de ideas y su sentido ciudadano, freno de los asuntos del poder y a las penetraciones antinacionales, y de plantar, resuelta e inteligentemente, soluciones completas a los problemas de México”. “Esto significa –agregó-- que no estamos escribiendo para el gran público, sino que estamos trabajando para cubrir los puntos clave de la opinión, los controles que influyen y dirigen en sus círculos y el ámbito de su sociedad”. Así pues, la revista tenía (tiene) dos objetivos: uno, sensitivo, de construcción y afirmación, encaminados a mostrar la eficacia de las ideas que sustentamos; y otro, denunciar, destruir, atacar y demoler lo que es nocivo para México. Adicionalmente, La Nación pretende la más amplia y enérgica difusión de los principios que deben sustentar a la sociedad bien organizada. De esto podemos citar la supremacía de la nación sobre los grupos, bien común, integridad de la familia, dignidad de las personas y de trabajo, justicia social; dirigidos todos a robustecer aquello que inspire o ayude a la vigencia de las ideas, apuntando a rescatar y fomentar todo aquello que sirva para el avance de un orden social justo. Carlos Septién García señaló también que “estamos luchando por la destrucción de un régimen caduco, violento, reaccionario en el peor de los sentidos, conservador hasta lo rabioso, conservador de leyes injustas, del usufructo de un país cada vez más empobrecido”. La técnica para luchar por este ideal es el periodismo, que en el caso de La Nación hoy tiene una norma muy clara: el interés nacional es preeminente. Cualquiera que sea la índole de una revista semanaria –escribió don Carlos Septién García- no puede ser un pizarrón informativo y menos cuando se trata de una revista política y de lucha social. El deber de una revista así consiste en exprimir los acontecimientos, extraer de ellos todo lo esencial, precisar por un proceso de destilación su sentido y explicárselo al lector dándole una sustancia perfectamente asimilable. Inspirados en tales ideas, tan válidas desde hace más de setenta años como hoy, el tiempo que me tocó el honor de dirigir La Nación, junto con mi equipo de trabajo, tuvimos conciencia de los “tiempos nuevos” que nos tocó vivir. Como Director de La Nación me formó Carlos Castillo Peraza, de quien aprendí, entre otras cosas, amar los principios y la doctrina de Acción Nacional. Para estar en constante comunicación él pidió que sus oficinas estuvieran junto con las de La Nación en el edificio que estaba en la calle de Cerrada Eugenia. Tratando de corresponder a sus enseñanzas le dedique a don Carlos mi más reciente libro TR3CE RETOS PARA QUE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS ELEVEN LA CALIDAD DE VIDA, para que el humanismo político contribuya a construir día con día la “Patria Ordenada y Generosa y una vida mejor y más digna para todos”. A quien le guardo también mucha gratitud es a don Alejandro Díaz Pérez Duarte, quien era (es), entre otras cosas, muy hábil para las cuestiones económicas y que hicieron viable consolidar esta etapa de La Nación. A don Luis H. Álvarez, en ese entonces presidente del CEN del PAN, le agradecemos su respaldo a nuestro trabajo profesional. También aprendimos mucho de don Alejandro Avilés, quien nos visitaba continuamente en las oficinas de La Nación. Para nosotros fue muy grato convivir con él y aprender de su experiencia. Y dicho sea de paso contar con las colaboraciones del profesor José Alfredo Páramo, quien los ilustraba con sus comentarios especializados de música. Informativamente nos tocó cubrir, entre otras cosas, el triunfo de Ernesto Ruffo Appel, primer gobernador emanado de Acción Nacional, quien rompió el mito de que era imposible ganarle al PRI. Sin lugar a dudas, su triunfo fue un parteaguas que permitió al PAN tiempo después ganar más gubernaturas y por supuesto el triunfo de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Sabemos que en el devenir histórico, y particularmente el político, La Nación se ha ganado a pulso un lugar en el ámbito periodístico de los órganos partidistas, enalteciendo el elevado valor de la libertad de expresión. Luis Martínez Alcántara fue Director de La Nación de 1989-1992.