No llegamos todas: la deuda pendiente con las mujeres mexicanas
Abril 2025
Adriana Aguilar Ramírez

Asumir la Secretaría de Promoción Política de la Mujer de Acción Nacional no es sólo un gran honor, sino también una gran responsabilidad. Se trata de encabezar un esfuerzo colectivo para fortalecer la voz, el liderazgo y la participación de las mujeres en política con un claro compromiso: trabajar con sororidad para construir un México más justo, más igualitario, y con más y mejores oportunidades para las familias mexicanas.
Me siento profundamente agradecida por la oportunidad y la confianza de volver a encabezar los trabajos de esta Secretaría, pues la lucha por la igualdad y el respeto de los derechos humanos de las mujeres es para mí un compromiso de vida. Y qué mejor lugar para luchar por ellos que PPM, como llamamos de cariño a nuestra Secretaría.
El reto de una mujer al ocupar este cargo no es menor. Implica enfrentar estructuras que aún presentan resistencias, abrir camino para más mujeres y, sobre todo, consolidar un movimiento de unidad y acción para poder enfrentar los grandes retos que implica ser mujer en estos momentos tan complejos que se viven en nuestro país.
México vive un momento histórico con la llegada de la primera mujer a la Presidencia de la República. Sin embargo, más allá del simbolismo, la realidad de millones de mujeres en el país sigue estando marcada por la violencia, la desigualdad y la falta de oportunidades. El techo de cristal no se rompe sólo con ocupar el cargo más alto del Ejecutivo, se rompe con políticas públicas efectivas, con un compromiso genuino por garantizar la seguridad y el bienestar de las mujeres y con la erradicación de la impunidad en los casos de violencia de género.
A pesar del discurso triunfalista, la deuda que el país tiene con las mujeres sigue vigente. La llegada de una mujer a la Presidencia no representa un avance por sí sola, si no se traduce en una mejor vida para las mexicanas: para las madres buscadoras que enfrentan al crimen organizado solas, para las trabajadoras cuyos derechos han sido vulnerados y para las niñas que aún son obligadas a contraer matrimonio en nombre de “usos y costumbres”. No, no se puede hablar de avance si no se garantizan la vida e integridad de las mujeres.
El problema no es la representación en sí misma, sino la falta de congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. En los últimos años, se han desmantelado instituciones clave para la protección de las mujeres, se han eliminado partidas presupuestales destinadas a refugios para mujeres víctimas de violencias y se ha permitido que la violencia contra las mujeres se utilice como herramienta política en lugar de ser combatida con seriedad y determinación.
México sigue siendo uno de los países más peligrosos para ser mujer. Cada día, 11 mujeres son asesinadas, y miles más sufren violencia en distintas formas. Casos emblemáticos como el de Aleydis, víctima de violencia química, o el de Rocío, una madre cuya familia fue brutalmente asesinada en Culiacán, reflejan una crisis de seguridad que no distingue entre clases sociales, profesiones o lugar de residencia.
Las cifras de desapariciones también son alarmantes. En Zacatecas, por ejemplo, la madre buscadora Sofía Raygoza fue víctima de un brutal feminicidio y su caso es sólo uno entre cientos de mujeres que han pasado de ser buscadoras a ser víctimas. El país ha sido convertido en una fosa común mientras las autoridades minimizan la gravedad del problema.
La violencia no se limita a las calles. En el ámbito laboral, más de 100 trabajadoras de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) enfrentaron violencia institucional tras la desaparición de la Comisión. En el sector judicial, cientos de juezas, magistradas, actuarias y secretarias han sido invisibilizadas, sus carreras y sueños fueron borrados por una lucha de poder que prioriza la política sobre la justicia.
La desaparición de programas esenciales ha impactado directamente a miles de mujeres y sus familias. La eliminación de las estancias infantiles ha dejado a muchas madres sin la posibilidad de trabajar, empujándolas a la precariedad o a depender de redes familiares que no siempre pueden apoyarlas. Lo mismo ocurrió con los refugios para mujeres víctimas de violencia, que sufrieron recortes presupuestales en un momento en el que más se necesitaban.
Las mujeres que enfrentan enfermedades graves también han sido afectadas. La cancelación del financiamiento a FUCAM dejó a miles de pacientes sin acceso a tratamientos contra el cáncer de mama, mientras que las madres de niños con cáncer han tenido que recurrir a rifas y colectas para costear tratamientos que el Estado debería garantizar.
Son muchas las historias de abandono hacia las mujeres por parte de este gobierno, estando claro que con la llegada de la primera mujer presidenta, NO LLEGAMOS TODAS. El avance de las mujeres en la política debe ir acompañado de resultados tangibles. No basta con ocupar espacios de poder si estos no se traducen en políticas públicas que realmente mejoren la vida de las mujeres.
La congruencia es fundamental: no se puede hablar de un gobierno feminista cuando se excluye a la Ministra Presidenta de la Suprema Corte de eventos clave, ni cuando se utilizan las luchas feministas como herramienta de propaganda sin un compromiso real detrás.
Para que la igualdad sea una realidad se necesita una estrategia integral que aborde la seguridad, el acceso a la justicia, la igualdad en el ámbito laboral y la erradicación de la violencia de género. Las mujeres y las niñas tienen derecho a vivir una vida libre de violencias y el Estado debe garantizarla. Es necesario reconstruir las instituciones que han sido debilitadas y garantizar que los programas de apoyo a mujeres y familias sean una prioridad en la agenda nacional.
El camino hacia la igualdad no se recorre en solitario ni se logra con discursos. Se construye con acciones concretas, con decisiones valientes y con la voluntad de transformar las estructuras que siguen perpetuando la desigualdad.
Mientras las mujeres en México sigan desapareciendo, siendo asesinadas o viviendo en condiciones de precariedad o violencias, la lucha no puede darse por terminada. No llegamos todas, y hasta que lo logremos, nada podrá detenernos.
Adriana Aguilar Ramírez es secretaria nacional de Promoción Política de la Mujer del CEN del PAN.
X: @adrixaguilar
