Por Mabel Salinas. Hace cinco años una producción británica comenzó su andar por la televisión de aquel país para poner los pelos de punta con su sesudo tratamiento de una “realidad futurista”, planteado a través de un sembradío de cuestionamientos universales que poco a poco fueron conquistando a una audiencia mundial, fenómeno que explotó una vez que llegó a Netflix. Bajo el nombre de “Black Mirror” la serie ofrece en cada episodio una historia unitaria, es decir, que se sostiene por sí misma y no tiene conexión con otros episodios más allá del hilo conductor: el tema. ¿Y éste de qué va? Cada historia es un cuento corto que esboza una aterradora realidad sobre el binomio entre ser humano y tecnología. ¿Es la tecnología enteramente buena?, ¿qué terrores o consecuencias deleznables puede desatar?, ¿qué pasaría si se le llevara al extremo?, ¿qué tal si pusiera en peligro la vida del mundo al concretarse como una nueva peste, pero de índole tecnológico?, ¿Y si nos dominara a tal punto que puede acabar con la parte más humana del hombre hasta insensibilizarlo por completo? A lo largo de tres inteligentes, sorpresivas e intrigantes temporadas, el programa creado por Charlie Brooker -también autor de todos los capítulos- y por el cual han desfilado aclamados directores de cine como Joe Wright (“Orgullo y Prejuicio”, “Expiación, Deseo y Pecado”, “Anna Karenina”) y James Watkins (“La Dama de Negro”) o de televisión como Jakob Verbruggen (“House of Cards”) ha dejado anonadado y perplejo a quien se ha sumergido en sus hipotéticos escenarios. De hecho, su astucia argumental y precisa producción son dos de sus fortalezas. Esta serie también se ha convertido en escaparate de importantes actores ingleses, escoceses y estadunidenses. Bajo su cámara se han dado cita estrellas hollywoodenses como Bryce Dallas Howard (“Mundo Jurásico”), Hayley Atwell (“Capitán América: El Primer Vengador”) y Jon Hamm (“Mad Men”), así como actores de corte más independiente como Mackenzie Davis, Wyatt Russell, Oona Chaplin (sí, la nieta de Charles Chaplin y la responsable de la debacle Stark en “Game of Thrones”) y más. Pero lo que brilla por encima de todo es su agudeza. Cada historia deja en claro que uno de los mayores aciertos de “Black Mirror” es que ejemplifica cómo poner el uso de efectos especiales al servicio de una trama estrechamente conectada con la realidad, a veces de forma escalofriante. Por ejemplo, en el primer episodio, estrenado el 4 de diciembre de 2011, se narra el dilema al que se somete el Primer Ministro británico después de que la Princesa Sofía -miembro de la familia real y adorada por el pueblo- es secuestrada. La condición para dejarla en libertad es que el mandatario sostenga relaciones con un cerdo, anécdota que inmediatamente remite al Piggate con el que se relacionó a David Cameron en un escándalo que revolucionó las redes sociales en 2015. Y, por cierto, el papel de las redes sociales e internet juegan un papel fundamental para que a través de “Black Mirror” se denuncie la deshumanización que está derrumbando a la sociedad actualmente, aunque también hay constantes referencias a comunidades distópicas, ensimismadas y crueles, encantadas con un sistema de tortura y purga social -el episodio White Bear recordará a más de uno la cinta “La Noche de la Expiación” (The Purge). Pero probablemente el que mejor embona con los tiempos actuales es The Waldo Moment. En su argumentación, un personaje animado al que presta su voz un fracasado comediante poco a poco se ve envuelto en un debate político que lo convierte en estandarte de un grupo de ciudadanos inconformes con el sistema. Lo que comienza como una broma cobra fuerza y el azulado oso Waldo termina convirtiéndose en candidato para ocupar el principal puesto público del Reino Unido. ¿Suena parecido? ¿No fue así como inició la candidatura de Donald Trump hasta llegar a un punto en el que nos trascendió a todos? El chiste se materializó a tal grado en que la que comenzó siendo una serie de drama, misterio y ciencia ficción vaticinó nuestro presente. Ese hipotético “futuro” ya nos alcanzó y en esa medida “Black Mirror” es más aterradora de lo que en un principio se lo propuso. No por nada se ha ganado a pulso el calificativo de la “Dimensión Desconocida” (Twilight Zone) del nuevo siglo. Ojalá que otras de sus propuestas no se hagan realidad. Sería el principio del fin del ser humano como lo conocemos.   Mabel Salinas es Directora Editorial de enlaButaca.com y colaboradora de Cine Premiere. @mabsalinas @EnLaButaca